En homenaje a Ramón Moya Ruiz, Presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios

Me llega la noticia de la muerte de un Caballero Legionario ejemplar, pero además de eso era un amigo de los profundos, de los que con su ejemplo de vida te hacían mejorar como persona y como legionario.

Mi amigo Ramón Moya Ruiz, Presidente de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios, ha muerto fuera de España cuando estaba con su esposa Isabel, pasando unos días, preludio de la Navidad, junto a sus hijos que trabajan lejos de la Patria. Pronto regresaba para ponerse al frente de la Hermandad y vivir con sus viejos legionarios estos días de Patronas y Cristiana Navidad.

No hay muerte para un legionario, que eso es un simple tránsito de este diario combate al descanso eterno junto al Cristo de la Buena Muerte en el cielo legionario, a reunirse y vivir definitivamente los espíritus de compañerismo, amistad, unión y socorro.

Se ha muerto mi amigo Ramón, el coronel Moya, el ejemplo legionario, el Caballero y legionario por antonomasia, el bondadoso coronel Moya que siempre tenía la sonrisa dispuesta, el gesto de amistad, el argumento de la razón y la firmeza del buen mandar.

Yo no sé qué decir ante el dolor hondo que me cala tan profundo; no sé qué decir y hacer para que nos sirva de ejemplo de virtud la vida de este hombre sencillo y bueno, la vida de este pedazo de legionario. Solo puedo decir que para mí fue un ejemplo, un consejo, una consulta, siempre alguien seguro, un amigo. ¡Te voy a echar mucho de menos!

Recuerdo en mis años al frente de la Legión cuando institucionalizamos El Día del Veterano coincidiendo con el Combate de Edchera, el 13 de enero. Fue él uno de los impulsores de la creación de ese día y el primero junto a su Hermandad Nacional en acudir a la cita cada año. Era la próxima fecha que ya preparaba con la alegría e ilusión renovada. Le noté que este año tenía un deseo especial en acudir a esa cita, como si tuviese prisa. Deseaba con especial ilusión reunirse con los antiguos legionarios en su amada Legión.

Pero se nos han adelantado y han tirado de él para arriba. Ha sonado la voz de siempre: ¡Caballero Legionario Ramón Moya Ruiz!, han gritado desde arriba. ¡Presente! Ha contestado.

Y se ha marchado al cielo legionario, con los suyos, sus legionarios, a su Navidad, a su Día del Veterano, a su Legión del cielo. ¡No estéis tristes viejos legionarios! ¡Jóvenes legionarios, aprended de este legionario!, y todos renovemos nuestro Credo al lado de este amigo y ejemplo de ser Caballero Legionario.

A Isabel, su esposa, a sus hijos ¡qué deciros! El dolor es inevitable, porque cuando se ama se llora y tanto dolor duele. Pero del dolor de la muerte florece la esperanza porque mereció la pena tener a este hombre, a Ramón, como esposo, como padre, como abuelo, y os lo dice quien fue su amigo, que hombres así construyen y te hacen bueno.

Adiós Ramón, hasta mañana, hasta siempre legionario; eres un amigo de los que te hacen llorar cuando te vas, aunque solo sea por un rato.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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