«Carta a los españoles » IV , nuevo articulo en los digitales ELTOROTV.com y LACRITICA.eu de nuestro asociado Col. Dominguez Martinez-Campos

Queridos amigos:
Los acuerdos sobre aquellos famosos Pactos de la Moncloa terminaron el 22 de octubre de 1977 firmados por Suárez, F. González, Fraga, Tierno Galván, Santiago Carrillo, Miguel Roca y Leopoldo Calvo Sotelo. Y, ¡cómo no!, las Fuerzas Armadas españolas fueron también moneda de cambio entre los partidos políticos en el ámbito del Servicio Militar Obligatorio y en el de la Justicia Militar. Pasaron por el Congreso y el Senado para que fueran aprobados por todos los partidos los acuerdos de aquellos famosos Pactos.

Un hecho entonces aparentemente poco trascendente fue el de que el Rey cesara como secretario de su Casa Real a su fiel colaborador y hombre de confianza, el general Alfonso Armada. Fue el presidente Suárez quien influyó decisivamente para que SM adoptara tal decisión. Suárez no aguantaba a Armada desde que éste le recriminó en presencia de don Juan Carlos la forma en que se había legalizado el PCE y la burla que había supuesto hacia las Fuerzas Armadas.

A mediados de ese mes de octubre las izquierdas y, en especial, el PSOE, presionaron para que las Cortes aprobaran una amnistía general tan amplia que, incluso, salieron de las cárceles unos 130 “presos políticos” con las manos manchadas de sangre. Entre ellos asesinos de ETA, GRAPO y “comunes”. Se tenía que equiparar en toda clase de derechos a los mutilados del Frente Popular, a sus viudas y huérfanos, así como también se establecía que, quienes lo desearan, podían solicitar ayudas para desenterrar a los muertos de la Guerra Civil que pudieran ser localizados en cualquier lugar. Toda esta batería de medidas fue bendecida por los más poderosos jerarcas socialistas y comunistas. Así, Chiqui Benegas (socialista) dijo que con esa ley “queda enterado el pasado de división entre españoles”. Ni se imaginaba lo que años más tarde su querido PSOE, de la mano de un radical como Rodríguez Zapatero, sería capaz de hacer con una antihistórica Ley de Memoria Histórica. Incluso el entonces diputado de UCD, Jaime Ignacio del Burgo, aseguró: “No vi restos de rencor o ánimo de revancha (en Ramón Rubial) después de estar casi 20 años en las cárceles de Franco. Percibimos que se pasaba la página de la Guerra Civil para abrir una nueva página en la Historia de España, sin vencedores ni vencidos, la del ”. Este señor tampoco parecía saber de lo que son capaces los socialistas y comunistas. Porque aquella Ley no fue el final, ni mucho menos, de la Guerra Civil.

De otra parte, el desmadre autonómico comenzó a desbordarse. Regiones españolas que jamás habían pensado en tal juego lo exigían ahora por la causa más absurda que uno pudiera imaginarse. De modo que el gobierno tuvo que echar el freno para anunciar que sólo Cataluña y Vascongadas obtendrían la preautonomía. Sin embargo, en la españolísima Andalucía los socialistas enarbolaron la bandera autonómica para exigir lo que vascos y catalanes habían conseguido. Además, se encargaron de ensalzar y vitorear al abogado promusulmán Blas Infante como el “padre de la patria andaluza”. Este converso al Islam aseguraba que los árabes habían regalado a la “nación andaluza” una edad de oro. Increíble, pero cierto.

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